La Grulla y el Colibrí

En un bosque lleno de vida, habitaban muchos animales que se ayudaban entre sí. Entre ellos, vivían la Grulla y el Colibrí.

El Colibrí era veloz, siempre de flor en flor, y organizaba reuniones donde mostraba sus nuevos vuelos, sus hallazgos de néctar y hasta pequeñas exposiciones de polen exótico. A cada una de estas actividades, la Grulla asistía sin falta. Con sus largas patas cruzaba lagos, laderas y hasta tormentas con tal de estar ahí, apoyando a su alegre amigo.

Un día, la Grulla decidió compartir algo propio: organizó una danza lenta y elegante sobre el agua, una coreografía que llevaba tiempo perfeccionando. Invitó a todos, y con especial cariño, al Colibrí.

El día llegó, los juncos se balanceaban al ritmo del viento, los patos hacían silencio, y la Grulla danzó con gracia. Pero el Colibrí no apareció. Ni una nota, ni una excusa, ni una sombra.

La Grulla no dijo nada. Sólo miró el horizonte, reflexionó, y al terminar su danza, voló en otra dirección. A veces, pensó, hay aves que solo revolotean donde el néctar es suyo.


Moraleja:

La verdadera amistad no se mide por la cantidad de invitaciones que aceptas, sino por la voluntad de estar presente cuando realmente importa.