La mousiké nos recuerda que el hecho de tocar un instrumento, conocer la teoría musical o poseer erudición en historia de la música no es suficiente para convertirse en músico.
Para los griegos la música trascendía el mero entretenimiento. Representaba un concepto integral que abarcaba la poesía, el canto, la memoria, la educación y la formación del carácter. El concepto que utilizaban para definir esto era mousiké, y designaba un ámbito mucho más amplio que lo que hoy entendemos por música. La métrica y la melodía eran herramientas mnemotécnicas esenciales para preservar la mitología, la historia y las leyes. Antes de la consolidación de la escritura, la memoria colectiva era el vehículo esencial para transmitir conocimientos, tradiciones, sabiduría e identidad cultural de generación en generación.
Originalmente La Ilíada y la Odisea eran para ser cantadas no para ser leídas. Pero esto no es exclusivo de los griegos. En otras culturas también sucede algo similar.
Los Salmos, del antiguo testamento, también nacieron estrictamente para ser cantados. La palabra proviene del griego psalmos, que significa literalmente “canto ejecutado al son de un instrumento de cuerda”.
Si miramos a la India encontramos que la Bhagavad Gita también es para cantar, Bhagavan significa “Señor” o “Dios” y Gita significa “canción” o “canto”. El texto completo se traduce literalmente como “El Canto del Señor” o “El Canto Divino”
Y si echamos un vistazo a la América prehispánica el Popol Vuh, “Libro del Consejo” o “Libro de la Comunidad”, antes de su transcripción escrita se cantaba, se bailaba y se dramatizaba.
Esto apunta a que el concepto de Mousiké estaba ampliamente extendido en la antigüedad y que lo que hoy entendemos por música no es exactamente lo que se entendía entonces.
Para Platón la música no era un adorno. Era una fuerza política capaz de moldear el carácter de los ciudadanos. Para Aristóteles la música era un asunto de interés público, no privado. La música era el arte que formaba el alma, la música afinaba los ciudadanos.
Desde una perspectiva contemporánea resulta difícil comprender esta idea porque hoy solemos asociar la música con el ocio, la industria cultural o el espectáculo. Los griegos pensaban de otra manera. Consideraban que la música pertenecía al ámbito de la formación humana, la educación, la política y la construcción de la ciudad.
Estudiar mousiké permite comprender que la música no ha sido históricamente un simple entretenimiento, sino una herramienta para formar personas, fortalecer vínculos sociales, preservar la identidad cultural y dar continuidad a una tradición. En una época marcada por la velocidad y el consumo inmediato la mousiké nos recuerda que el hecho de tocar un instrumento, conocer la teoría musical o poseer erudición en historia de la música no es suficiente para convertirse en músico.
Un ciudadano educado debía aprender música del mismo modo que aprendía gimnasia, retórica o filosofía. No lo hacía para convertirse en músicos profesional. Lo hacía para convertirse en ciudadano.
La pregunta griega no era:
¿Qué música te gusta?
La pregunta era:
¿Qué clase de persona te está ayudando a ser esa música?