La música es al alma lo que la gimnasia al cuerpo
Platón
Ser músico en la antigüedad no tenía nada que ver con virtuosismo técnico, digitaciones veloces o lectura impecable. Ser músico era, ante todo, una condición espiritual, intelectual y ética. La música no era un espacio diseñado para alimentar la propia imagen. No era un oficio decorativo: era una forma elevada de conocimiento.
A lo largo de las grandes civilizaciones – Grecia, Roma, Egipto, India, China – la idea es sorprendentemente coherente: el músico era alguien formado por el orden profundo del cosmos.
En Grecia ser músico era ser educador del alma. La palabra mousikē abarcaba: música, poesía, danza, ritmo, palabra bien dicha, paideia (formación del carácter).
Quien dominaba la mousikē estaba “bajo el cuidado de las Musas”, es decir, conocía el orden interior que armoniza la vida humana.
Un músico era alguien que sabía armonizar su alma.
No era un ejecutante: era un modelo de humanidad equilibrada. Por eso, en la educación ideal (Platón), la música formaba el carácter antes que cualquier otra disciplina.