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Comunicado pedagógico

La preparación como forma de respeto

Preparar una audición no se trata solo de tocar, sino de respetar la música y al público. Cada presentación es un acto de responsabilidad, un diálogo entre quien interpreta y quien escucha. Y esa responsabilidad comienza mucho antes de subir al escenario: en cada ensayo, en cada momento de estudio individual, en cada intento por perfeccionar lo que aún no suena bien.

Hace años comprendí esto de una manera brutal, nunca lo olvidé. En una ocasión, me invitaron a interpretar el Himno Nacional en un evento solemne. Confiado en mi destreza musical y creyendo que, tratándose de una obra tan conocida, no necesitaba ensayar, me presenté ante el público sin preparación previa. El resultado fue un desastre. Aún siento vergüenza cada vez que lo recuerdo. Cada error, cada duda, cada vacilación fue una bofetada. Todo el mundo conocía el Himno Nacional y por lo tanto fueron conscientes de cada error, ¡Qué horror! Subirse al escenario sin preparación es una falta de respeto con el arte musical, con el público y con uno mismo.

En 1996, viví la experiencia contraria. Como miembro del quinteto de saxofones SAXETO, nos preparamos durante semanas para participar en el Festival Mono Núñez. Ensayábamos todos los días, con rigor y entusiasmo, hasta sabernos el repertorio de memoria. Cuando llegó el momento de presentarnos, no hubo nervios, solo gratitud y disfrute. Aquella noche, por primera vez en la historia del festival, un quinteto de saxofones ganó el concurso. Habíamos ensayado tanto que la música hizo lo suyo esa noche. Fue una lección de vida: la preparación es la antesala de la excelencia.

A los estudiantes

Cada audición, cada concierto, cada recital, es una oportunidad para demostrar crecimiento. No se trata de tocar sin errores, sino de tocar con la certeza de que estamos preparados. Ensayen su repertorio en solitario, luego con su acompañante o con la banda. El escenario no es para improvisar; es el lugar donde presentamos el resultado de lo que hemos ensayado. Es una cuestión de ética profesional.

A los profesores de música:

La misión del profesor no es solo enseñar notas, sino formar hábitos. Enseñar con el ejemplo que el ensayo es un privilegio; que la excelencia no nace del talento, sino de la constancia. Cada corrección, cada repetición, siembra el carácter artístico que define a un verdadero músico. El director debe ensayar más que todos.

A las familias:

Su acompañamiento es esencial. Apoyen los ensayos, valoren el esfuerzo y comprendan que detrás de cada presentación hay horas de dedicación. El aplauso final no es solamente para la audición, es la celebración de todo el proceso. La música florece en los hogares donde se entiende que la práctica hace al maestro. El maestro tiene arte; arte es la habilidad para hacer algo muy bien hecho; y esto solamente se adquiere a través de la práctica. Una audición no es una exhibición superficial, es el resultado visible de una preparación previa.

El que no ensaya porque se cree maestro, confirma su ignorancia al primer error; el que ensaya porque sabe que nunca basta, se acerca sin saberlo a la verdadera maestría

Fuente El Tiempo Junio 6 de 1996

By Hans

Saxofonista
Maestro en Música como Arte Interdisciplinario