Una invitación a observar el origen del talento, sin etiquetas, sin juicios.
Este post está basado en el capítulo 1 del libro The Practice of Practice de Jonathan Harnum. Lectura hecha en inglés y notas tomadas en español. Este post es una invitación a leer el libro.
La práctica de la práctica
Aprender sin pensar es inútil,
pensar sin aprender es peligroso.
Confucio (551-487 a. C)
Los nombres tienen poder. Las definiciones de lo que es y no es la práctica pueden hacer que mejores o que te paralices. Practicar es mucho más que sentarse en una habitación a solas para ejercitar la técnica.
La práctica también provoca cosas interesantes en el cerebro. Saber lo que el cerebro necesita para lograr un aprendizaje sólido y duradero te ayudará a mejorar en la música o en cualquier cosa.
Práctica circunstancial
Es el tipo de práctica que se da a causa del lugar en el que creces. En la India le dicen samskar, que básicamente significa “influencia inconsciente”. Haber estado expuesto a mucha música desde edades muy tempranas definitivamente ayuda a desarrollar el oído musical. Despertar con música, irse a dormir con música, bañarse con música, etc. Todo esto crea imágenes sonoras que contribuyen al desarrollo musical de la persona. Si además estas experiencias son placenteras o divertidas, el impacto será muchísimo más positivo.
La influencia inconsciente es una de las fuentes de la nociva noción de talento natural: esa idea de que se nace o no con habilidades musicales. Ese debate está abierto y probablemente continuará así.
La habilidad musical natural es una lata llena de gusanos que es mejor dejar a un lado, porque la respuesta a esa pregunta, por más fascinante que pueda ser, no tiene nada que ver con mejorar. Cualesquiera sean los talentos que te hayan sido dados o quitados, la práctica es el único camino para mejorar en cualquier cosa: música, deportes, programación, paternidad… cualquier cosa.
Si desde antes de nacer se está expuesto a un rico entorno musical, pero no se acompaña de la práctica, no habrá progreso. La práctica es la única manera de progresar. Si quieres mejorar, sencillamente debes practicar. No hay vueltas que darle.
Ya lo dijo el filósofo: “La práctica hace al maestro.” Cada vez que nos encontramos con alguien que es un maestro en algo, estamos frente a una persona que ha dedicado miles de horas de práctica hasta dominar las habilidades que le permiten hacer bien lo que hace.
El mito del talento es el refugio de quien teme la disciplina.

Miguel Ángel decía: “Si la gente supiera lo duro que tuve que trabajar para obtener mi maestría, no les parecería tan maravillosa en absoluto.”
Los talentosos son los que continúan practicando. No existe eso de mantener el nivel; si no estás intentando mejorar, estás empeorando. La práctica no es simplemente sentarse en una habitación a tocar escalas y repetir pasajes. La práctica es mucho más de lo que creemos.
Sin embargo, esta búsqueda de la maestría nos conduce a la pregunta: ¿por qué sentimos la necesidad de perfeccionar el sonido? Si la música no transmite datos ni explica hechos concretos, ¿qué es esa «verdad» que intentamos alcanzar a través de la disciplina técnica? Quizá la técnica no sea un fin en sí mismo, sino el lenguaje con el que tratamos de descifrar qué es lo que realmente comunica la música.
Practica hasta que el sonido tenga sentido.