El humanovirus.

Somos el «humanovirus»

«Lo que es moda no incomoda» decía mi abuelita. Ahora está de moda algo que incómoda: El coronavirus. Me gusta interpretar las cosas desde el otro lado, en un intento imperfecto de salirme de mi ego e intentar interpretar las situaciones desde diferentes puntos de vista.

Así que vino a mi mente la idea de que el coronavirus del planeta somos los humanos. La naturaleza se está desinfectando, está tosiendo, tiene fiebre, se está lavando las manos. Pero no se va a morir. A pesar de ser muy vieja. Sencillamente se está inmunizando, sin vacuana alguna. Miles de millones de humanos nos comportamos como un virus, miles de millones a merced de unos cuantos deforestan, secan ríos, hacen fracking, comercian con especies que viven de los mismos recursos naturales que nosotros y nosotros en nuestro egocentrismo, antropocéntricos, creyéndonos el ser más relevante del universo vemos con terror como caemos «como moscas».

¿Cuántos árboles haz plantado en tu vida?¿Qué haz hecho para mejorar la sociedad donde vives?¿O solo consumes y acumulas cosas para «ser alguien» en la vida?¿Alguien para quien, para tí?¿Ya tienes tu carro?¿Tu título?¿Tus acres? Espero sinceramente que eso te proteja del coronavirus.

El humanovirus destruye la naturaleza, la devora por placer, no por supervivencia. Claro que hay unos humanos que dan su vida por proteger el planeta y salvar a sus semejantes. Me les quito el sombrero y les digo: merecen la salvación. ¿Y tú? ¿Estás cuidando el planeta?¿Rindes culto a la naturaleza o eres esclavo de la superstición? Si ya contribuyes sigue haciéndolo. Si no contribuyes por lo menos no destruyas. La naturaleza nos está dando un buen chanclazo para educarnos. Haber si salimos de una vez por todas de esta infancia tan prolongada. Nuestro comportamiento como especie ante la naturaleza y nuestros semejantes es muy similar al comportamiento de este virus. Somos el «humanovirus». Hemos olvidado venerar a La Madre Naturaleza y aquellos que sí lo hacen han sido marginados o considerados inferiores por el humanovirus.

Pero los humanos hacemos cosas preciosas. Gracias a la disciplina de los humanos buenos tenemos esperanza. Una pequeña luz es suficiente para ganar terreno a las tinieblas. Una flauta por ejemplo. Una de las inversiones más inteligentes que podemos hacer en la vida. Un regalo que dura para siempre. Una amiga para toda la vida. Además proporciona más tranquilidad que los medios de comunicación en tiempos de incertidumbre.


Dijo Wittgenstein: «De lo que no se puede hablar es mejor callar». Circula mucha información que solo contribuye al pánico colectivo. Si alguien quiere descansar de tanto ruido hueco en internet y concederle unos minutos de paz a la mente: escuche música. Es lo único de lo que sí puedo hablar. Pueden escuchar Time After Time. Pueden dejar un comentario al final; escucharla o no; compartirla o no. Hagan lo que quieran.


En el drama que vivimos en estos días también hay mucha belleza. Se necesita calma para contemplarla. Es una situación nueva para todos. El pánico es un virus más peligroso que el coronavirus. Es en la tormenta donde se forjan los grandes marineros. En música un buen solista genera confianza al resto del grupo y lleva calma al público por unos momentos. Es un buen momento para improvisar con inteligencia. Todos somos responsables del estado de ánimo de los otros. La vida es bella y la muerte es parte de la vida. Cada uno de nosotros puede ser un buen o mal solista en su campo. Compartamos música y pensemos antes de romper el silencio si vale la pena romperlo. De esta salimos. Un abrazo!

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