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Filosofía Saxofonistas

Tocar no es gratis

¿Alguna vez te has preguntado por qué un músico profesional no debería tocar gratis?

No te lo digo como alguien que viene a poner reglas, sino como alguien que ha tenido que aprender, a veces por las malas, qué vale la pena y qué no. Esta es una de esas cosas que no se enseñan en la universidad, pero que cambian la manera de pararse frente a un escenario, y frente a la vida.

Un músico no cobra por tocar. Cobra por saber cuándo no debe hacerlo.

Llega un momento en el que uno empieza a darse cuenta de cosas. Como que hay aplausos que, en vez de motivar, dejan con un vacío raro por dentro. Que hay escenarios que se sienten como un favor, no como un reconocimiento. Y que hay veces en las que uno acepta tocar sin cobrar… solo porque no sabe cómo decir que no.

En el gremio de los músicos independientes es muy común pasar por ahí, por lo menos a mi me ha pasado, y aún.

Pero uno aprende que cuando regala su trabajo sin pensar, poco a poco los demás también dejan de valorarlo. Que cuando se hace una y otra vez, los que nos rodean: colegas, estudiantes, organizadores. Empiezan a creer que así debe ser. Y eso termina afectando no solo el bolsillo, sino el respeto por el oficio.

Uno no tiene energía infinita. Prepararse, cargar el instrumento, ensayar, llegar a tiempo, sonar bien, darlo todo… cansa. Y a veces, a pesar de haberse preparado a conciencia, queda esa sensación extraña, como de haber tocado bien, pero para nadie. O peor: como si uno se hubiera traicionado a sí mismo.

Hace unos meses me pasó algo que me dejó pensando. Iba pasando por un bar, por pura casualidad, y me encontré con unos conocidos que me invitaron a abrir una Jam en ese momento. Lo hice, toqué con ganas, sabía que no iba a cobrar, pero que recibiría una bebida, como suele suceder en esos contextos… y al final, tuve que pagar lo que me había tomado. Ahí sentí un desprecio profundo por ese tipo de situaciones. Y también entendí que a veces, sin darnos cuenta, somos nosotros mismos los que seguimos alimentando esas dinámicas tan vulgares.

No hace falta verlo todo en blanco o negro. Hay momentos en los que tocar sin cobrar sí tiene sentido: cuando es por una causa que de verdad conmueve, por personas que han estado ahí, o porque se está armando algo nuevo junto a quienes también están empezando. Pero que no sea por miedo a decir no. Ni por costumbre. Mucho menos por esa frase tan trillada de “esto te sirve para darte a conocer”. Darse a conocer no es suficiente para pagar el transporte, el arriendo, las facturas, etc.

Aquí es donde viene lo más simple del asunto: aprender a decir que no. Porque todo el mundo espera que uno diga que sí, como si fuera obligación. Pero no es tan difícil. Decir que no también hace parte del oficio. Uno va entendiendo qué le sirve, qué lo desgasta, en qué escenarios vale la pena estar… y en cuáles es mejor no pararse. Decir, con respeto: “no, gracias, no me interesa” también es una forma de cuidarse como profesional.

Una vez me llamaron para tocar en un evento de esos donde “no hay plata, pero te vas a dar a conocer”. Me hablaron entusiasmados, como si me estuvieran haciendo un favor. Ya había aceptado muchas veces por amor al arte, por hacerme ver. Pero esa vez colgué y me acordé de lo que me dijo un colega hace años, mirándome serio después de uno de esos toques mal pagos:

“Si tú no respetas tu oficio, nadie lo va a hacer por ti.”

Desde entonces, recuerdo esa frase con mucha frecuencia. No para decir no a todo. Sino para saber cuándo sí, cuándo no, y por qué.

No tiene nada de malo tocar por placer. Pero pasa otra cosa: cuando alguien que no necesita el pago ocupa un espacio donde otros sí lo necesitan, se genera un problema. Me refiero a quienes no son músicos profesionales sino diletantes. No lo hacen con mala intención, claro. Pero desordenan el terreno. Y al final, quienes vivimos de esto nos vemos obligados a explicar, justificar o incluso competir con lo gratuito o con pagos “simbólicos”.

No se trata de dividir. Se trata de entender que no es lo mismo tocar por afición que construir una vida entera a partir de la música.

Decir que no no es cerrarse puertas. Es cuidar las que sí valen la pena. Es proteger tu tiempo, tu energía, y el valor de lo que sabes hacer. Cada vez que decides no tocar en un lugar que no respeta lo que haces, estás afinando algo más que tu instrumento: estás afinando el mundo que te rodea.

“All pro musicians should be paid for their time.”
Howard Nash, LastMinuteMusicians.com

Si estás empezando, es normal querer tocar en todas partes. Y a veces está bien hacerlo sin esperar dinero, o por un presupuesto reducido. Pero pregúntate por qué. Pregúntate para quién. Pregúntate si eso te hace crecer o o si terminas sintiéndote usado, aunque hayas tocado bien.

No se trata de volverse duro, arrogante, soberbio. Se trata de aprender a cuidarse. Porque la música no es solo tocar. También es aprender a moverse, a presentarse, a negociar, a vender.

Si se toca gratis porque sí, se rebaja uno y rebaja a todo el gremio. Nadie le está haciendo un favor a uno por invitarlo a tocar sin pagar. Más bien hay que enseñarles: o se cobra lo justo, o se les dice que no.

By Hans

Saxofonista
Maestro en Música como Arte Interdisciplinario